Prueba ideas a través de experimentos y observación; construye sobre esas que pasaron la prueba y rechaza las que fallaron. Sigue la evidencia a donde sea que te conduzca, y cuestiona todo. Acepta estos términos, y el cosmos será tuyo.

-Neil deGrasse Tyson

Con estas palabras, Neil deGrasse Tyson transmite a una nueva generación uno de los mensajes más importantes que Carl Sagan le brindó a los televidentes hace 34 años, resumido en unas cuantas líneas. Elegante, brillante y uniforme, casi salida de las precuelas de Star Wars, la nueva nave de la imaginación arranca de inmediato en su nuevo viaje. Es sumamente gozoso imaginar la cantidad de personas sentadas frente al televisor, cuya imagen del universo se limita a imágenes estáticas en libros de texto, que degustan las cinematográficas tomas que suceden: jamás el universo se ha visto tan vivo en un documental. Los planetas cesan de ser meras piedras con nombres mitológicos, están vivos, inertes pero móviles, con sus nubes multicolor revoloteando mientras la nave de Tyson las atraviesa a toda velocidad.

Y no se queda allí, pues la posibilidad de un cosmos infinito es contemplada, cuando la imagen de un multiverso en forma de infinitas burbujas repletas de estrellas se nos muestra más allá del universo observable. Es una imagen que induce humildad: el propósito principal de este capítulo. A través de excelentes animaciones angulosas y tridimensionales de la pluma de Kevin Dart, se nos es mostrada la historia de Giordano Bruno, quien fue perseguido por la Iglesia por tener la idea de un dios infinito, creador de un universo infinito con mundos inacabables, con vida propia, tan digna de admiración como la que nuestro planeta sustenta.

Hay una secuencia animada de Bruno saliendo de la limitada cúpula que representaba el universo observable en aquellos días: levanta una cortina, y ante sus ojos aparecen nebulosas, soles y miles de estrellas, mientras él se eleva y siente el vacío en su interior que contemplar esas cuestiones insondables le proporciona al ser humano. Es en cierto modo, una metáfora de la meta de la divulgación científica: ampliar la visión cosmogónica cada vez más, hacerle ver a la gente que el mundo es un lugar más grande y maravilloso del que una visión mística jamás podrá dar.

Y no es suave aquí el retrato de la mentalidad mística, no está la falaz pero popular idea de que <<La ciencia y la religión son dos caras de la misma moneda>>. La Inquisición es una patrulla del pensamiento orwelliana e irredimible: los dogmas han formado una burbuja metálica irrompible en sus mentes. A pesar de la imagen villanesca, uno no puede evitar simpatizar en cierto grado. ¿Qué era más probable, que inicialmente explicarámos las cosas con magia o que inventáramos el método científico de inmediato? El progreso y la ciencia poco a poco van emergiendo, ganando batallas, y en una secuencia sumamente conmovedora, el mártir de Giordano Bruno imagina despegar hacia los cielos a segundos de ser quemado en la hoguera.

Contándonos la historia de como conoció a Carl Sagan, Neil ejemplifica la aventura de la ciencia como un sempiterno pase de la antorcha de maestro a estudiante. Y al final, todo ese conocimiento, toda esa sensación de ser seres minúsculos, de estar en el reino animal, de que nuestras vidas no tengan sentido, no hace sino impulsarnos a ser mejores personas: es una motivación que la serie original de Cosmos irradiaba y que en este primer capítulo de Cosmos: A Spacetime Odyssey nos llega también. Claro, junto con maravillosos efectos especiales, gran accesibilidad, y un infinitamente simpático y paternal conductor en la figura de Neil deGrasse Tyson. Cosmos es la saga de la humanidad, nos dice, como si nuestra historia fuera un poema épico de como seres evolucionados de primates lograron la grandeza y superaron sus defectos. Hagamos que así sea.

Cosmos: A Spacetime Odyssey - Crítica del 1x01 - Standing Up in the Milky Way
Calificación del episodio10
10Nota Final
Puntaje De Lectores: (2 Votos)
5.4

Sobre El Autor

Zamuthustra

Épico. Polémico. Estúpido.